¿Qué es un alebrije?
Imagina un burro con alas de mariposa, un gallo con cuernos de toro y un león con cabeza de águila, todos pintados con colores tan vivos que parecen brillar. Eso es un alebrije: una criatura fantástica del arte popular mexicano que mezcla partes de distintos animales en un solo ser imposible.
Hoy los ves en museos, desfiles, tiendas de artesanías y hasta en películas de Hollywood. Pero los alebrijes no vienen de una leyenda ancestral: nacieron en 1936, en la mente de un artesano de la Ciudad de México que tuvo un sueño muy extraño durante una enfermedad. Esta es su historia.

Imagen: Photograph: Frank C. Müller, Baden-Baden (CC BY-SA 3.0) vía Wikimedia Commons
Un sueño con fiebre en 1936
Pedro Linares López (1906-1992) era cartonero en el barrio de La Merced, en la Ciudad de México. Se dedicaba a la cartonería: esa técnica mexicana de crear figuras con papel, cartón y engrudo, usada para piñatas, judas y calaveras de Día de Muertos.
En 1936, Pedro cayó gravemente enfermo. Durante la fiebre, tuvo un sueño vívido y perturbador: caminaba por un bosque extraño donde las rocas y los árboles se convertían en animales fantásticos. Un burro con alas de mariposa, un gallo con cuernos de toro, un león con cabeza de águila. Todas las criaturas gritaban al unísono una palabra que él no conocía: «¡Alebrijes! ¡Alebrijes!».
Cuando se recuperó, Pedro hizo lo que hacen los artistas: puso manos a la obra. Con cartón, papel y engrudo, recreó las criaturas de su sueño y las pintó con colores intensos. Las llamó «alebrijes», con la palabra que gritaban en el sueño. Nadie sabe qué significa exactamente; algunos creen que viene de «alebrijado», enredado o confuso, lo cual le queda perfecto a estas criaturas.
De La Merced a los museos
Al principio, los alebrijes de Pedro Linares eran una curiosidad de barrio. Pero su talento era innegable, y pronto llamaron la atención de figuras como Diego Rivera y Frida Kahlo, quienes le encargaron piezas. Que los muralistas más famosos del país coleccionaran tus criaturas de cartón era, en los años cuarenta, el equivalente a volverse viral.
Pedro Linares trabajó hasta su muerte en 1992, y su familia —hijos y nietos— continúa la tradición cartonera en la Ciudad de México. Sus alebrijes originales, de papel y cartón, son piezas de arte popular reconocidas en todo el mundo.
De la cartonería al copal: los alebrijes oaxaqueños
Hay una segunda rama en la historia del alebrije, y nace en Oaxaca. En los años cincuenta, un artesano de Arrazola llamado Manuel Jiménez Ramírez (1919-2005) empezó a tallar figuras de madera de copal con formas de animales fantásticos, pintadas con colores brillantes y patrones intrincados.
Los tallados oaxaqueños, a veces llamados «tonas» o «nahuales» (los animales guardianes de la cosmovisión zapoteca), se volvieron famosos por su cuenta. Con el tiempo, el nombre «alebrije» se extendió también a estas piezas de madera, aunque su origen es distinto al de los de cartón de Pedro Linares.

Imagen: AlejandroLinaresGarcia (CC BY-SA 4.0) vía Wikimedia Commons
Hoy, pueblos enteros de Oaxaca —Arrazola, San Martín Tilcajete, La Unión Tejalapam— viven de tallar y pintar alebrijes de madera. Cada taller tiene su estilo: algunos hacen criaturas diminutas que caben en la palma de la mano, otros tallan piezas monumentales de más de un metro.
Cómo se hace un alebrije
Hacer un alebrije es un trabajo de paciencia. En la versión de cartonería, se arma una estructura con alambre o carrizo, se forra con papel y engrudo en varias capas, se deja secar y se pinta. En la versión oaxaqueña de madera, el proceso es aún más largo: se selecciona el copal, se talla con machete y cuchillos, se deja secar durante meses para que no se agriete, se lija y finalmente se pinta con pinceles finísimos, a veces con puntos y grecas que forman patrones hipnóticos.
Un alebrije grande puede tomar semanas o meses de trabajo. Por eso las piezas de maestros reconocidos alcanzan precios altos en galerías internacionales: no son adornos, son esculturas.
El desfile que llena Reforma
Desde 2007, el Museo de Arte Popular (MAP) organiza el Desfile de Alebrijes Monumentales: cada octubre, alebrijes gigantes —de hasta 4 metros— recorren el Paseo de la Reforma hasta el Zócalo de la Ciudad de México. Es uno de los eventos de arte popular más espectaculares del país, con cientos de miles de asistentes.
Y si viste la película Coco (2017), ya conoces a los alebrijes: Pepita, la gran criatura alada que guía a Mamá Imelda, y Dante, el xoloitzcuintle, están inspirados directamente en ellos. La película los presentó como guías espirituales, un guiño hermoso a su origen onírico.
Datos chidos de los alebrijes
- Nadie sabe qué significa «alebrije»: la palabra no aparece en diccionarios antiguos. Pedro Linares decía que así gritaban las criaturas en su sueño, y el nombre se quedó.
- Hay alebrijes en museos del mundo: piezas de la familia Linares están en colecciones de Europa y Estados Unidos.
- El copal es un árbol sagrado: la madera que usan los talladores oaxaqueños viene del copal, el mismo árbol de la resina que se quema como incienso en rituales desde la época prehispánica.
- Cada alebrije es único: al ser hechos a mano, no existen dos iguales. Incluso las réplicas pequeñas varían.
- Oaxaca y CDMX se pelean el origen: los capitalinos defienden a Pedro Linares (1936); los oaxaqueños señalan que sus tallas de animales fantásticos tienen raíces propias. La verdad: son dos tradiciones distintas que comparten nombre.
El arte de soñar despierto
Lo más chido de los alebrijes es que rompen la idea de que el arte popular tiene que ser antiguo para ser auténtico. Nacieros hace menos de 100 años, de un sueño con fiebre, y hoy son tan mexicanos como el mariachi o el Día de Muertos El origen del Día de Muertos, otra tradición donde lo fantástico y lo colorido se mezclan sin pedir permiso.
Pedro Linares soñó con criaturas imposibles y decidió construirlas con sus manos. Casi un siglo después, sus alebrijes siguen gritando lo mismo que en aquel sueño: que la imaginación, cuando se trabaja con oficio, se vuelve patrimonio.
