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Cultura

La historia del mariachi: de Cocula al mundo

Hay sonidos que son postales. Escuchas tres acordes de trompeta, un grito de «¡ay, ay, ay!» y, estés en Tokio, en París o en un pueblito de Oaxaca, sabes exactamente dónde estás: en México. El mariachi no es solo música; es la banda sonora de las bodas, las serenatas, las fiestas patrias y hasta las despedidas. Es lo primero que suena cuando un mexicano quiere decir «esto va en serio».

Pero ¿de dónde salió? ¿Por qué visten como charros? ¿Y qué significa siquiera la palabra «mariachi»? La historia es más enredada —y más chida— de lo que parece. Acompáñame a Jalisco, al siglo XIX, donde todo empezó con unos músicos campesinos que jamás imaginaron que su sonido daría la vuelta al mundo. 🎺

Mariachi performance at Fiesta (433c6cfb
Mariachi performance at Fiesta (433c6cfb
Imagen: NPS Photo (Public domain) vía Wikimedia Commons

De Cocula para el mundo: el origen

En Jalisco hay un dicho que lo resume todo: «De Cocula es el mariachi, de Tecalitlán los sones». Cocula, un pueblo al sur de Guadalajara, es reconocido como la cuna del mariachi. Ahí, en el siglo XIX, grupos de músicos itinerantes recorrían fiestas patronales, bodas y fandangos tocando sones: piezas alegres, con violines que parecían conversar entre ellos y letras que hablaban de la vida del campo.

Aquellos primeros mariachis no se parecían mucho a los de hoy. No usaban trompetas ni trajes elegantes; vestían ropa de manta, la de los campesinos, y sus instrumentos eran violines, vihuela, guitarrón y a veces arpa. Tocaban por unas monedas, por un plato de comida o simplemente por el gusto de armar la fiesta.

Todo cambió con un hombre: Gaspar Vargas. En 1897 fundó en Tecalitlán, Jalisco, el Mariachi Vargas, y años después su hijo Silvestre Vargas lo llevó a la Ciudad de México. Silvestre entendió algo clave: para conquistar las grandes ciudades y la radio, el mariachi tenía que sonar más grande y verse más elegante. Profesionalizó al grupo, le sumó trompetas y adoptó el traje de charro. El Mariachi Vargas de Tecalitlán sigue activo hoy, más de 125 años después, y es considerado el mejor mariachi del mundo.

El misterio del nombre «mariachi»

Aquí viene lo divertido: nadie sabe con certeza de dónde viene la palabra «mariachi». La teoría más popular dice que viene del francés «mariage», que significa matrimonio, porque supuestamente los franceses —durante la intervención de 1862 a 1867— llamaban así a los músicos que tocaban en las bodas.

Suena bonito, pero tiene un problema: existe un documento de 1832, en Rosamorada, Nayarit, que ya menciona a un «mariachi», décadas antes de que llegaran los franceses. Así que esa teoría, aunque famosa, probablemente es falsa.

Otra teoría apunta a una palabra de la lengua coca, hablada por un pueblo indígena de Jalisco, que sonaba parecido y se refería a un tipo de madera o a un tablado para bailar. Tampoco está comprobada. La realidad es que el origen del nombre sigue siendo un misterio, y quizá eso le queda bien: el mariachi siempre ha sido un poco leyenda.

El traje de charro y los instrumentos

El traje no es un disfraz: es el traje de charro, el mismo de la charrería, el deporte nacional mexicano. Chaqueta corta, pantalón ajustado, botonadura de plata a los costados, moño al cuello y el sombrero de ala ancha. Vestirlo es una declaración: el mariachi se toma en serio lo que hace.

Cada instrumento tiene su papel en la orquesta. Los violines llevan la melodía y hacen esos adornos que ponen la piel chinita. Las trompetas —que llegaron en la década de 1930— le dan el brillo y la potencia, ese sonido que se escucha a tres cuadras. La vihuela, una guitarrita de cinco cuerdas con la tapa abombada, marca el ritmo con un rasgueo agudo y nervioso. Y el guitarrón, enorme y panzón, es el bajo: se toca pellizcando dos cuerdas a la vez y suena como el corazón del conjunto.

¿Y el grito? Ese «¡ay!» que suelta el cantante no es un adorno improvisado: viene del son jalisciense y es parte de la música, una forma de soltar la emoción a mitad de la canción.

Mariachi playing - Plaza Garibaldi - Mexico 2024
Mariachi playing – Plaza Garibaldi – Mexico 2024
Imagen: José Luiz (CC BY-SA 4.0) vía Wikimedia Commons

De las cantinas al cine de oro

El mariachi pudo haberse quedado como música de pueblo si no fuera por dos inventos del siglo XX: la radio y el cine. Durante la Época de Oro del cine mexicano, figuras como Jorge Negrete —»El Charro Cantor»— y Pedro Infante llevaron el traje de charro y las canciones rancheras a pantallas de todo el continente. De pronto, el mariachi ya no era de Jalisco: era de todos.

Luego vino José Alfredo Jiménez, el compositor que escribió «El Rey», «Ella» y «Si nos dejan» entre cientos de canciones. José Alfredo no sabía música en el sentido académico, pero entendía el alma del pueblo como nadie, y el mariachi se convirtió en el vehículo perfecto para sus rancheras de amor y desamor.

En la Ciudad de México, la Plaza Garibaldi se volvió la catedral del mariachi: decenas de grupos esperando a que alguien los contrate para una serenata, con el Museo del Tequila y el Mariachi a unos pasos. Y décadas después, Vicente Fernández —»Chente»— llevó el mariachi a estadios llenos, demostrando que esa música campesina del siglo XIX podía conmover a multitudes del siglo XXI.

El mariachi hoy: patrimonio de la humanidad

En noviembre de 2011, la UNESCO declaró al mariachi Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. No fue un premio a un grupo, sino un reconocimiento a una tradición viva: a los miles de músicos que la mantienen, la enseñan y la reinventan.

Cada año, Guadalajara celebra el Encuentro Internacional del Mariachi y la Charrería, que desde 1994 reúne a grupos de todo el mundo. Porque sí: hay mariachis en Estados Unidos, en Colombia, en Francia y hasta en Japón, donde existen agrupaciones que cantan en español con traje de charro impecable. También hay cada vez más mujeres mariachis, rompiendo una tradición que por décadas fue casi exclusiva de hombres.

El mariachi sigue sonando en serenatas de madrugada, en bodas, en quince años y en funerales. Cambian las modas, cambian los ritmos, pero cuando esas trompetas arrancan, México entero —el de aquí y el de allá— sabe exactamente qué se siente.

Datos chidos del mariachi

  • La palabra «mariachi» aparece en un documento oficial de 1832, mucho antes de la intervención francesa.
  • Las trompetas no son originales: se sumaron al mariachi en la década de 1930.
  • «El Son de la Negra» es considerado casi un segundo himno nacional mexicano.
  • Existen grupos de mariachi en Japón que cantan completamente en español.
  • En 2011 la UNESCO lo declaró Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

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