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Curiosidades, ciencia, historia y cultura explicadas de forma sencilla

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¿Cuál es el tren más rápido del mundo? 603 km/h sobre imanes

Imagina ir en un tren a 603 kilómetros por hora. A esa velocidad, recorrer los 20 kilómetros entre el centro de una ciudad y su aeropuerto tomaría dos minutos. Cruzar de Ciudad de México a Puebla, unos 130 km, tomaría trece minutos. Es más rápido que un avión comercial en despegue.

Ese tren existe, es japonés, y se llama maglev L0 Series. En abril de 2015, en la pista de pruebas de Yamanashi, alcanzó los 603 km/h, el récord mundial de velocidad ferroviaria. Y lo más impresionante: lo hizo flotando, sin tocar el suelo.

Vía de pruebas de Yamanashi, donde el maglev batió récords
Vía de pruebas de Yamanashi, donde el maglev batió récords
Imagen: Masahiro TAKAGI from Ichikawa, Chiba, Japan (CC BY 2.0) vía Wikimedia Commons

Cómo flota un tren: la levitación magnética

El truco del maglev (de magnetic levitation, levitación magnética) es eliminar el contacto entre el tren y la vía. Los trenes normales, por rápidos que sean, tienen un enemigo implacable: la fricción de las ruedas contra los rieles. A partir de cierta velocidad, esa fricción genera calor, desgaste y vibraciones que ponen un límite físico a qué tan rápido puedes ir.

El maglev japonés usa superconductores: imanes enfriados a -269 °C (casi el cero absoluto) que generan campos magnéticos potentísimos. Esos imanes repelen las bobinas instaladas en la vía, y el tren levita unos 10 centímetros sobre el suelo. Sin contacto, sin fricción, sin límite mecánico: la única resistencia que queda es la del aire.

A baja velocidad, el tren sí usa ruedas retráctiles para arrancar y frenar. Pero una vez que supera los 150 km/h, las guarda y vuela. Literalmente vuela a 10 cm del suelo, guiado por fuerzas magnéticas.

El sistema lo desarrolla JR Central, la compañía del famoso shinkansen (tren bala), y el plan es usarlo en la línea Chūō Shinkansen entre Tokio y Nagoya, que reducirá el viaje a 40 minutos. La obra es una de las ingenierías más ambiciosas del planeta: túneles a través de los Alpes japoneses para una vía que tiene que ser casi perfectamente recta, porque a 500 km/h las curvas se vuelven peligrosas.

Si te gustan las máquinas que desafían la velocidad, [¿Cómo funciona un cohete espacial?] es el siguiente nivel: ahí la fricción ni siquiera es el problema.

El ranking de la velocidad sobre rieles

El récord de 603 km/h es en pruebas. En operación comercial real, el ranking es otro:

  1. Shanghai Maglev (China): 430 km/h en servicio comercial. Conecta el aeropuerto de Pudong con la ciudad en 7 minutos. Usa tecnología alemana Transrapid y es el tren en servicio más rápido del mundo desde 2004.
  2. Fuxing Hao / CR400 (China): 350 km/h en servicio regular. La red de alta velocidad china es la más grande del planeta, con más de 40,000 km de vías.
  3. TGV (Francia), AVE (España), ICE (Alemania): 320 km/h en servicio. El TGV tiene además el récord mundial para trenes convencionales con ruedas: 574.8 km/h en 2007, con un tren modificado especialmente.

Fíjate en el patrón: la carrera la lideran Asia y Europa. El continente americano, que inventó la cultura del automóvil, se quedó atrás en trenes rápidos: el Acela de Estados Unidos apenas llega a 240 km/h en tramos cortos.

Por qué no todos los trenes son maglev

Si el maglev es tan superior, ¿por qué no hay maglevs en todas partes? Por dinero y por física.

Tren maglev de Shanghái en la estación del aeropuerto de Pudong
Tren maglev de Shanghái en la estación del aeropuerto de Pudong
Imagen: Chainwit. (CC BY 4.0) vía Wikimedia Commons

La vía de un maglev es carísima: necesita bobinas superconductoras a lo largo de todo el recorrido, sistemas de refrigeración y una precisión de construcción milimétrica. La línea Tokio-Nagoya lleva décadas en obra y su costo se estima en decenas de miles de millones de dólares. Un tren bala convencional, con ruedas, usa rieles normales y cuesta una fracción.

Además, a 500-600 km/h aparecen problemas nuevos: el consumo de energía se dispara (la resistencia del aire crece con el cuadrado de la velocidad), el ruido del tren al entrar en túneles genera «micro-explosiones» sónicas que molestan a los vecinos, y cualquier curva tiene que tener un radio de varios kilómetros. La infraestructura debe ser casi perfecta.

Por eso el futuro probable es mixto: maglevs en corredores supercargados donde el volumen de pasajeros justifica la inversión (Tokio-Osaka, por ejemplo), y trenes convencionales de 300-350 km/h en el resto. La velocidad máxima es sexy, pero la economía manda.

¿Y el Hyperloop?

No se puede hablar de trenes rápidos sin mencionar el elefante en la habitación: el Hyperloop, la idea de Elon Musk de cápsulas viajando a 1,000+ km/h dentro de tubos al vacío. Suena increíble, y la física básica es sólida: sin aire, sin fricción, la velocidad solo la limita la aceleración que aguanta el cuerpo humano.

Pero una década después del anuncio, no existe ninguna línea comercial de Hyperloop en el mundo. Los prototipos han alcanzado unos 460 km/h en tubos de prueba cortos, y los desafíos de construir cientos de kilómetros de tubo al vacío con curvas, estaciones y sistemas de emergencia han resultado mucho más duros de lo previsto. Varias empresas del sector han quebrado o pivotado.

El maglev, en cambio, ya funciona, ya transporta pasajeros (en Shanghái) y ya tiene fecha para su gran línea japonesa. A veces el futuro no es lo más futurista, sino lo que sí se puede construir.

Como toda hazaña de ingeniería extrema, el maglev comparte espíritu con otras construcciones que desafían los límites, como El edificio más alto del mundo: el Burj Khalifa. La diferencia es que este récord se mueve a 603 km/h, flotando sobre imanes, en silencio.

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