Resumen Rápido

Curiosidades, ciencia, historia y cultura explicadas de forma sencilla

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Naturaleza

Animales que parecen de otro planeta (y viven en este)

Cuando el cine quiere diseñar un alienígena, casi siempre copia a la naturaleza: tentáculos, ojos gigantes, piel transparente, luces propias. Y es que no hace falta viajar a Marte para encontrar criaturas de otro mundo. La Tierra, después de miles de millones de años de evolución, ya fabricó sus propios extraterrestres. Algunos brillan en la oscuridad, otros regeneran su corazón y hay uno que sobrevivió al vacío del espacio.

Lo mejor: varios de estos «alienígenas» viven en México. Empecemos por el más querido de todos. 👽

Lophius piscatorius - Seeteufel
Lophius piscatorius – Seeteufel
Imagen: 5snake5 (CC0) vía Wikimedia Commons

El ajolote: el alienígena más querido de México

El ajolote (Ambystoma mexicanum) parece un personaje de caricatura: cabeza ancha, sonrisa permanente y unas branquias externas en forma de plumas que ondean a los lados de su cabeza como un penacho. Vive —o vivía en abundancia— en los canales de Xochimilco, en la Ciudad de México, y es uno de los animales más extraordinarios del planeta.

Su superpoder es la regeneración. Un ajolote puede regenerar patas completas, cola, mandíbula, partes del corazón, la médula espinal e incluso porciones del cerebro, sin dejar cicatriz. Los científicos lo estudian con obsesión porque entender cómo lo hace podría revolucionar la medicina regenerativa humana.

Además, el ajolote sufre de neotenia: llega a la edad adulta sin perder sus características de cría, como las branquias externas. Es un eterno adolescente de la biología. Su nombre viene del náhuatl «axolotl», relacionado con Xólotl, dios del inframundo. La parte triste: está en peligro crítico de extinción en su hábitat natural por la contaminación y la pérdida de los canales. El alienígena más chido de México nos necesita.

Terror en las profundidades: rape abisal y tiburón duende

A más de mil metros bajo el mar no llega la luz del sol, y los animales que viven ahí parecen diseñados para una película de terror. El rape abisal es el ejemplo perfecto: una boca enorme llena de dientes transparentes como agujas y, colgando frente a ella, un señuelo luminoso. Esa luz la producen bacterias simbióticas que viven en el señuelo, y sirve para atraer presas en la oscuridad total.

Pero lo más raro es su vida amorosa: los machos son diminutos y, cuando encuentran una hembra, se fusionan literalmente con su cuerpo, convirtiéndose en un apéndice permanente que solo sirve para reproducirse. En lo profundo del océano, encontrar pareja es tan difícil que la evolución optó por no soltarse jamás.

Su vecino, el tiburón duende (Mitsukurina owstoni), parece un fósil que se negó a extinguirse: hocico largo en forma de espada, piel rosada y una mandíbula que se proyecta hacia adelante a velocidad relámpago para atrapar presas. Su linaje tiene unos 125 millones de años, por eso los biólogos lo llaman «fósil viviente». Vive tan profundo que los humanos casi nunca lo vemos vivo.

Maestros del disfraz: dragón de mar y dragón azul

El dragón de mar foliado (Phycodurus eques), que vive en las costas del sur de Australia, no parece un animal: parece un pedazo de alga a la deriva. Su cuerpo está cubierto de apéndices en forma de hojas que lo camuflan perfectamente entre los bosques de kelp. Es pariente del caballito de mar y, como él, los machos son quienes cargan los huevos.

Leafy Seadragon (7541965428)
Leafy Seadragon (7541965428)
Imagen: Tim Sneddon from Perth, AUSTRALIA (CC BY-SA 2.0) vía Wikimedia Commons

Y luego está el dragón azul (Glaucus atlanticus), una babosa marina de apenas 3 centímetros que flota boca arriba en el océano abierto. Su truco es de villano de película: se alimenta de la carabela portuguesa —una medusa cuyo veneno puede matar a un humano— y en lugar de morir, almacena ese veneno en sus propios tejidos para usarlo como defensa. Come veneno mortal y lo convierte en armadura. De un azul plateado iridiscente, es tan hermoso como peligroso.

Pequeños, raros e indestructibles

El tardígrado, conocido como oso de agua, mide menos de un milímetro y es probablemente el animal más resistente del planeta. Cuando las condiciones se ponen feas, entra en criptobiosis: expulsa casi toda el agua de su cuerpo y se convierte en una bolita inerte que puede sobrevivir décadas así. En ese estado ha resistido el vacío del espacio, la radiación cósmica y temperaturas de -272 a 150 °C. En 2007, un experimento de la Agencia Espacial Europea (FOTON-M3) llevó tardígrados al espacio abierto y varios sobrevivieron y hasta se reprodujeron al volver. Un animal microscópico que le gana al espacio exterior.

El camarón mantis, por su parte, ve el mundo como ningún otro animal: tiene entre 12 y 16 tipos de receptores de color (los humanos tenemos 3) y puede ver luz polarizada. Además golpea con sus pinzas a unos 80 km/h, tan rápido que el agua a su alrededor hierve por cavitación. Su puñetazo es uno de los movimientos más veloces del reino animal.

Y el topo de nariz estrellada cierra el trío: su hocico está rodeado por 22 tentáculos carnosos cubiertos de miles de sensores táctiles. Es prácticamente ciego, pero puede identificar y devorar una presa en unos 120 milisegundos, el récord de velocidad alimentaria entre los mamíferos. Come más rápido de lo que tú parpadeas.

Peludos y gruñones: cangrejo yeti y pez borrón

En 2005, científicos descubrieron cerca de la Isla de Pascua, junto a fuentes hidrotermales submarinas, al cangrejo yeti (Kiwa hirsuta): un cangrejo blanco y peludo cuyas pinzas están cubiertas de filamentos donde «cultiva» bacterias de las que se alimenta. Fue tan distinto a todo lo conocido que hubo que crear una familia taxonómica nueva solo para él.

Y no podía faltar el pez borrón (Psychrolutes marcidus), elegido en 2013 como el animal más feo del mundo por la Ugly Animal Preservation Society. La verdad es que el pobre pez borrón es víctima de un malentendido: en las profundidades, donde vive, la presión lo mantiene con forma normal; solo se ve gelatinoso y triste cuando lo suben a la superficie. Allá abajo, a 1000 metros, es un pez perfectamente respetable.

Datos chidos de animales de otro planeta

  • El ajolote puede regenerar partes de su corazón y su cerebro sin dejar cicatriz.
  • Los tardígrados sobrevivieron 10 días en el vacío del espacio en un experimento de 2007.
  • El macho del rape abisal se fusiona permanentemente al cuerpo de la hembra.
  • El camarón mantis ve entre 12 y 16 tipos de color; los humanos solo vemos 3.
  • El pez borrón fue votado el animal más feo del mundo en 2013, pero en su hábitat se ve normal.

La naturaleza lleva miles de millones de años inventando, y todavía nos sorprende con cada expedición al fondo del mar o a una cueva inexplorada. ¿Quién necesita ciencia ficción? Si te gustan las rarezas del reino animal, no te pierdas Los 10 animales más inteligentes del mundo: resulta que algunos de estos bichos raros también son unos genios.

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